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NO QUEREMOS LIMOSNA: QUEREMOS TRABAJAR

 

Pedimos a las instituciones que consideren el formato online para que ninguna actividad cultural vuelva a cancelarse.

En estos meses de confinamiento, hemos visto cómo se han abierto posibilidades para seguir trabajando, aprendiendo o simplemente para reunirse a través de Skype, Zoom y otras plataformas de Internet. Asimismo, se ha evidenciado, por una parte, el interés de la población por la cultura, que ha sido consumida de forma masiva durante el encierro a través de distintos medios; y, por otra, la generosidad de las autoras y autores que, pese a haber perdido todos sus trabajos remunerados en bibliotecas, ferias, colegios y otras instituciones, durante las semanas más duras de esta crisis sanitaria han creado y distribuido contenidos online de forma desinteresada y han accedido con gusto a realizar encuentros virtuales con clubs de lectura, recitales de poesía o cuentacuentos sin pedir contraprestación alguna.

En los medios de comunicación se nos dice que hay mucha preocupación por la cultura y, en lo que se refiere a las Letras, efectivamente se están adoptando algunas medidas para ayudar a editoriales y librerías. Sin embargo, las autoras y autores hemos visto cancelados todos nuestros recitales, conferencias, mesas redondas, presentaciones y encuentros que estaban programados por todos los organismos oficiales, no solo en primavera, sino incluso hasta octubre.

Según el Libro Blanco del Autor, publicado por la asociación Colegial de Escritores (ACE) 2019, solamente el 6,3% de los autores y autoras perciben más de 10.000 euros al año en concepto de Derechos de Autor, los demás o ejercen otra profesión o dependen de las actividades generadas en torno a la escritura.

Para quienes nos dedicamos a la creación literaria a tiempo completo y nos valemos de estas actividades para vivir, estas cancelaciones nos suponen dejar de percibir remuneración alguna, hasta otoño en el mejor de los casos. La situación para algunos autores y autoras es, de hecho, a día de hoy, muy crítica.

Lo absurdo del caso es que las actividades canceladas podrían hacerse online, como ha quedado demostrado, no solo por las muestras de eventos culturales distribuidos en la red antes mencionados, sino porque hay empresas privadas que sí han mantenido íntegra su programación cultural en versión online, con los mismos presupuestos que tenían para las actividades en vivo. ¿Por qué no se ha hecho lo mismo en ayuntamientos, diputaciones, universidades, bibliotecas, ferias y festivales que ya tenían un presupuesto asignado y aprobado? Y lo más dramático es que, aun cuando cese el estado de alarma, estas actividades suspendidas no se reanudarán, debido a las cautelas sanitarias. Autoras y autores tememos que se aproveche de esta situación para que algunos programas de encuentros o ciclos de recitales sean suprimidos de los presupuestos definitivamente.

Creemos que las instituciones han lavado su conciencia con la cultura arrojando un puñado de medidas paliativas a las ramas más mediáticas de la industria cultural, y consideran que los escritores y escritoras nos podemos apañar acogiéndonos al “cese de actividad económica” en caso de estar dados de alta como autónomos. Pero no estamos pidiendo ayudas, solo pedimos que nos permitan hacer nuestro trabajo. Porque el teletrabajo cultural es posible y lo estamos demostrando cada día. Es más, eventos que en formato físico tendrían limitada su repercusión al ámbito local, llegan al lugar más recóndito y más remoto porque ni la sede del acto ni la asistencia del público dependen ya de la situación geográfica. Todos ganamos. Los escritores y escritoras, queremos y podemos trabajar. Por favor, déjennos vivir de nuestra profesión. Sin autores y autoras no hay Literatura.